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HISTORIAS DE CONSUMIDORES DESCUBIERTOS CON PEQUEÑAS DOSIS QUE TERMINARON CON LA VIDA ARRUINADA
Mayo 16, 2008, 6:07 pm
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Gramos que pesan toneladas

El fiscal que llevaba una pequeña cantidad de marihuana para sus vacaciones. La pareja que cultivaba cannabis en su casa. El concejal al que, sin ser consumidor, le plantaron droga en el auto. Todos perdieron trabajos, amigos y hasta familiares. La difícil vida después de una causa por tenencia.

Textos de Emilio Ruchansky

EL FISCAL QUE TUVO UN JURY
“Un sistema hipócrita”

“Soy el primer funcionario judicial detenido por tenencia para consumo personal”, aclara de movida Facundo Trova. El 16 de enero de 2006, después de unas vacaciones en Brasil y siendo fiscal adjunto de la ciudad de Neuquén, se disponía a estirar el feriado judicial yéndose unos días a Mar del Plata. Tenía una piedra de 16 gramos de marihuana en el bolsillo y no bien terminó de pasar por el detector de metales de aeroparque, un oficial de aduana le pidió que vaciara sus bolsillos. “Se me vino el mundo abajo”, rememora. El personal de seguridad lo llevó a un cuarto para revisarlo mejor. “Tenía dos mil pesos y una cámara, y se los metieron en sus bolsillos. Les dije que era abogado y fiscal y me devolvieron todo.” Media hora después, su abuela se enteró por la televisión. Pasó tres días preso en una pequeña celda del aeropuerto y lo llevaron esposado a declarar a los tribubales de Comodoro Py. Cuando el juez subrogante Octavio Aráoz de Lamadrid lo indagó comenzó a sermonearlo. Ambos habían estudiado derecho en la Universidad Católica Argentina y el magistrado lo criticó por “olvidar los principios morales que había aprendido” (dos meses después, Aráoz de Lamadrid dio un examen para convertirse en titular del juzgado y se sacó 1 como puntaje). “Me querían mandar un mes a Devoto, me decían que mi situación era más complicada por ser funcionario. Yo no quería declarar de lo enfurecido que estaba pero el defensor oficial me aconsejó que dijera lo que querían escuchar porque no me iba más”, cuenta indignado Trova, que había hecho una carrera judicial impecable y era en ese entonces, con sus 32 años, uno de los fiscales más jóvenes. Cuando volvió a Neuquén ya era “un cadáver”, como se dice en la jerga judicial. Todos pedían su cabeza. Desde los partidos de izquierda hasta los jueces más conservadores de la provincia. Llegó el 20 de enero y recién empezaba a trabajar el primero de febrero. El Tribunal Superior de Justicia de Neuquén no lo cesanteó pero inició un sumario, ya que “su accionar puede constituir una falta disciplinaria”. El primer día de trabajo, Trova pidió un mes de licencia. Intuía que algo grande iba a pasar y no estaba equivocado. “Los empleados me apoyaban, pero muchos de mis colegas se abrieron y me quedé solo”, recuerda. Aunque fue sobreseído por la Justicia federal, en su provincia le hicieron un jury de enjuicimiento “por mala conducta”, con el único fin de destituirlo. “Fue una hipocresía tremenda. Casi todos los que me juzgaban terminaron cesanteados por corruptos, es más, a uno de ellos (el legislador Oscar Gutiérrez) yo lo estaba investigando por enriquecimiento ilícito y después que me suspendieron se cayó la causa contra él”, cuenta el ex fiscal, que espero el día del juicio “para decirles en la cara todo lo que pienso de ellos”. Y así fue. Sentado frente al jurado le espetó: “A pesar de lo que diga la prensa, no tengo nada que ver con ustedes. Gracias a Dios nos separa un abismo. Ustedes representan todo lo que no soy ni quiero ser. Voy a retirarme de este proceso, sigan ustedes con esta parodia de juicio”. La sentencia “ya estaba escrita, era una payasada” asegura, así que se levantó y despidió a su abogado en medio de la audiencia. El tribunal decidió quitarle su cargo por “inmoral, antiético, traidor a la patria y a los padres”; él, que viene de una familia de abogados, se dedicó a defender casos como el suyo. “Y no me va nada mal –comenta– tengo unas cuantas causas de tenencia, las hago y me gustan. Disfruto defender a la gente, antes estaba del otro lado, pero siempre fui muy garantista.” Sus amigos y familiares siempre lo ayudaron, pero nadie le quita el sabor amargo. “Me di cuenta de que el sistema judicial es hipócrita y selectivo, que está absolutamente podrido. El mejor ejemplo son nuestras cárceles que están llenas de pobres.” Este ex fiscal no quiere darles el gusto a sus colegas y apeló la sentencia. Su caso no fue admitido por Casación y presentó el recurso de queja al tribunal de su provincia. “Seguramente me lo van a rechazar de acá a la China, así que planeo llegar a la Corte Suprema”, dice convencido de que ahí le van dar la razón. Su argumento es sencillo: “Lo mío fue un acto privado y no interfería con mi desempeño, el sistema judicial me discriminó, me destituyeron por ser diferente”. Aunque perdió su trabajo, Facundo Trova asegura que la “sacó barata”. Todavía cree que si no hubiera dicho que era fiscal a los guardias de Aeroparque, tal vez su caso no hubiera trascendido en la prensa. Hoy, todavía mucha gente le da vuelta la cara cuando entra a algún tribunal por cuestiones de trabajo, pero ya no le importa. “Fue durísimo empezar de nuevo, pero aprendí mucho. El Estado no te educa, no te da salud ni trabajo pero aparece para castigarte y encerrarte”, reflexiona el ahora defensor, que desde que cayó en las redes de la corporación judicial a la que pertenecía, jura, “le cambió la película”.

EL CONCEJAL CON DROGA PLANTADA
“Me siento observado”

A Pedro Barrientos no le iba mal. Era concejal en la ciudad bonaerense de Benito Juárez y jefe de guardia del hospital de Necochea. Venía de una familia humilde de Cacique Barker, un pueblo de 3 mil habitantes, fruto de una inmensa fábrica de cal. Estudió medicina en La Plata y comenzó a militar en pleno gobierno de Eduardo Duhalde. Llegó a su cargo en 1999 de la mano de la Alianza y estaba por terminar su mandato cuando cayó en desgracia, tras un operativo antidrogas.

“Nunca consumí”, aclara ahora este hombre de 37 años. El 18 de julio de 2003, mientras viajaba desde Necochea a Mar del Plata con tres amigos para “comprar pilchas y pasar por una charla al Colegio de Médicos” la policía detuvo su auto. Bajaron armados con itakas y, según Pedro, no le pidieron ni la patente ni la cédula verde ni el carnet de conducir: “Nos hicieron bajar y comenzaron a entrar y salir del auto, una y otra vez”. Al rato, apareció una brigada de investigación y en el asiento de acompañantes de su Peugeot 106 azul, con patente oficial del Concejo Deliberante de Benito Juárez, aparecieron once sobres de cocaína. “Eso no es mío”, dijo. “Callate la boca”, le contestaron.

Cuando entraba a la comisaría 5ª de Punta Mogotes pudo ver la placa roja del canal Crónica: “Concejal detenido por trasportar cocaína en su auto”. Los oficiales se reían y lo señalaban. Al otro día, los diarios hicieron circular la versión policial: decían que había sido “un operativo”, que Barrientos había huido ocho cuadras antes de que lo atraparan y hasta el comisario a cargo, Carlos Cernada, afirmó: “Uno de los integrantes se bajó a los gritos insultando a los policías y diciendo que tenía inmunidad porque era el concejal Pedro Barrientos y era candidato a intendente”.

A los quince días lo echaron del hospital aduciendo que no podía trabajar como médico y ser concejal a la vez. La primera página del sumario administrativo era una nota periodística que relataba el incidente. “Me denigraron ante la sociedad, me destruyeron políticamente”, afirma Pedro cuando recuerda la condena pública que hicieron sus compañeros del Concejo Deliberante. Los dos testigos que consiguió la policía para revisarle el auto también intuían que había algo raro, pero a esa altura ni él ni su abogado creyeron conveniente seguir hasta el juicio oral por la alta exposición mediática que implicaría. Así que consiguieron una suspensión de juicio a prueba y terminó yendo cada tres meses al tribunal para certificar su domicilio. La causa no llegó a ningún lado, pero después del incidente nunca más volvió a Benito Juárez, ni a visitar a sus tíos.

“Es una cruz. Me costó mucho insertarme en la sociedad y me afectó económicamente”, repasa Pedro, que fue inhabilitado para desempeñar funciones durante cinco años en el hospital de Necochea, donde sus compañeros hasta juntaron firmas para que lo restituyeran. De todas formas, se instaló en esa ciudad balnearia y consiguió un trabajo en Lobería como médico en otro hospital. Su familia siempre creyó en su inocencia, pero él confiesa que tiene vergüenza: “Me siento observado”.

Todavía se pregunta cómo llegaron los sobres de cocaína a su auto. En un principio él y su abogado pensaron que tal vez era alguno de los ocupantes del auto. A todos los conocía, uno era telefonista del hospital y también lo echaron. Otro era amigo suyo, se fue a vivir a Claromecó después y no lo vio más. El cuarto ocupante era amigo del telefonista y al principio dudaron de él, pero más de la policía. “Me dijeron que hacen estos operativos para armar estadísticas o subir de categoría, no sé. También pensé que pudo ser una operación política”, comenta Pedro.

Lo cierto es que el estigma perduró. “Hace poco hubo un concurso para inscribirse en un cargo en la Municipalidad y era mi especialidad, médico de familia; me negaron la inscripción por la cesantía que tuve”, dice con bronca. Los mismos médicos, asegura, cuchichean al verlo y recuerdan que es “el falopero que le encontraron droga adentro del auto”. Hasta el padre de su actual pareja opuso resistencia cuando se conocieron y ella tuvo que irse de su casa para poder estar con él: “Por suerte ahora se dio cuenta de que no tuve nada que ver”.

UNAS PLANTITAS EN LA CASA
“Un pueblo chismoso”

“Yo les muestro todo, lo único que les pido es que no vayan con los medios”, le dijo Virginia Varela a uno de los uniformados. Eran las 9 la de la noche de un caluroso viernes de febrero y recién empezaba el allanamiento. Ella estaba por salir con su nena de dos años a comprar la cena, su marido había ido a presupuestar un trabajo y el oficial se quedó mirándola “como si fuera una inconsciente”, recuerda Virginia. “Yo no me preocuparía por eso”, le respondió el uniformado mientras sus compañeros incautaban las plantas de cannabis sativa.

Virginia llamó a su mamá para que pasara a buscar a la nena y procedió a mostrarles las plantas que tenía en la terraza, las que encubaba en un armario y algunos cogollos primerizos que puso a secar en el lavadero, a dos meses de la cosecha. También tenía semillas feminizadas, de origen español. Dice que los de la Delegación de Investigaciones del Tráfico de Drogas Ilícitas estaban asombrados por el grado de refinamiento y hasta hurgaron en sus apuntes de cultivo, que ella guardaba prolijamente en una carpeta. “Sabíamos que eso en algún momento podía pasar así que nos lo tomamos tranquilamente, sin agachar la cabeza, pero sin levantar la voz”, comenta.

El allanamiento surgió a partir de una llamada anónima a las 14 de ese mismo día, el 12 de febrero pasado. Cinco horas después, la policía sacó fotos desde la casa de una vecina. No hubo ningún tipo de inteligencia previa para saber si ellos cultivaban para vender o sólo para consumir. Los uniformados les dieron vuelta la casa y se llevaron todo lo que pudiera servir de prueba, hasta el veneno para las hormigas. Ella les rogó que al menos le dejaran fumarse un porro porque todavía no había probado su cosecha. Hubo risas, pero le negaron el pedido.

Por la madrugada partieron a la fiscalía 5 de Trenque Lauquen y a la vuelta, antes de bajar del patrullero, a Virginia y a su marido Santiago Bauchet les taparon la cabeza con camperas. Virginia jura que de reojo vio que un policía le estaba sacando una foto. Al otro día, esa foto ilustró una nota del diario local titulada: “Desactivan invernáculo destinado a producir marihuana. Una pareja detenida”. “Tenía miedo de que a mi abuelo le dé un infarto, ésa fue mi mayor preocupación durante la semana que estuvimos presos”, dice Virginia. Afuera todo había cambiado.

Primero desaparecieron los amigos que solían frecuentar la casa de este joven matrimonio (él tiene 25, Valeria 29). “Los que venían tenían miedo de estacionar el auto enfrente de casa”, asegura ella. La familia de Santiago no lo podía creer. “Parece que esto nunca te hubiera pasado a vos”, le decían. “Hace siete años que fumo, ¿y te parece que no soy el mismo? Cuando fumo me agarra sueño y hambre y nada más”, tuvo que explicarle a su abuela. Después se le cayeron uno a uno los presupuestos de clientes a los que planeaba colocarles tabiques, cielorrasos, durlocks. Valeria conservó su puesto porque trabaja en la empresa de su abuelo, dedicada a la aeronáutica. Cuando va al supermercado la miran raro: “La gente no sabe si saludarme o no”, confiesa. Ambos coinciden en que lo peor no fue toparse con la Justicia, si no con la sociedad de Pehuajó, una ciudad de 30 mil habitantes que ella define “como un pueblo chismoso”. Claro que la causa también trajo sus complicaciones. Desde hace un tiempo ambos tienen la posibilidad de ir a trabajar a España, donde vive el padre de Virginia. La situación se complicó desde el allanamiento y ellos quieren irse, pero deben quedarse porque es parte del requisito para lograr la excarcelación.

La causa, que tiene la novedosa carátula de “cultivo para consumo personal”, sigue abierta y ellos llaman una vez por semana a la fiscalía en busca de novedades. “Nos dicen que todavía están analizando las plantas para saber si eran para tráfico”, repite Virginia. La respuesta le resulta paradójica a Santiago, que acota que la Justicia camina “a pasos de tortuga” y no se entiende cómo todavía se insinúa que el consumidor es parte de la cadena del narcotráfico, “si en este caso no hay cadena, esto empieza acá y termina acá”.

Ellos se había decidido a no comprar más marihuana en la calle por varias razones: “Primero porque no se consigue, segundo porque lo que se consigue es carísimo y casi siempre tiene olor a orina y además porque salir a comprar marihuana se convirtió en un deporte extremo”, asegura Virginia. Desde el día de la detención no pueden ausentarse 24 horas de su casa, tienen que comparecer una vez al día en la comisaría local y abstenerse de consumir cualquier tipo de estupefacientes. Nunca declararon en la causa por consejo de su abogado, que dice que “saben demasiado de marihuana”.

“Estamos apretados económicamente, mi marido no consigue dejar un currículum porque lo miran mal en todos lados”, advierte Virginia, que no ve la hora de poder emigrar a España y empezar de cero. “Si no fuera por la repercusión social no sería tan grave –concluye–, porque sé que esa causa judicial no va a llegar a ningún lado.”

Los abogados y sus casos

César Sivo tiene un estudio de abogados en Mar del Plata y conoce muchos casos menores en el tema drogas. Pero hay uno, dice, que suele dar de ejemplo cuando da clases de Práctica Procesal Penal en la universidad local. Es una historia de amor. Se trata de un hombre que la policía detuvo en el puerto, mientras fumaba. Era un pescador y en unos días iba a embarcarse por seis meses en un buque factoría. Además, tenía 50 gramos que había comprado para el largo viaje. Su mujer se hizo cargo para que el hombre no perdiera el viaje porque había estado preso por robo y no le iban a dar la excarcelación. El hombre pudo embarcar finalmente, y ella dejó a sus nenes con su familia y pasó 9 meses presa. “Como no tenía para pagarme –cuenta Sivo–, cuidó a mis chicos a cambio de los honorarios.”

“Yo también tengo una buena historia”, promete Albino José Stefanuolo, quien fuera el abogado de Andrés Calamaro luego de que el músico dijera en un concierto en La Plata aquella frase de la linda noche para fumarse un porrito. El hecho ocurrió en el ‘96, “el mismo año en que estaba defendiendo el caso del jarrón de Coppola”, comenta. Eran tres chicos que se habían ido de vacaciones a Villa Gesell y los vecinos los denunciaron, según decían la policía, “porque hacían barullo y se juntaban muchedumbres”. Era la época del “allanamiento fácil”, recuerda el abogado, y les cayó todo el peso de la ley en la casa que habían alquilado. Encontraron 150 gramos de marihuana y les enrostraron “tenencia para tráfico” con el agravante, según la actual ley, de que eran tres personas.

No consiguieron la excarcelación, “así que tratamos de que llegaran al juicio oral lo más rápido posible; esto fue en enero y estuvieron presos hasta noviembre”, recuerda Stefanuolo. La audiencia duró solo dos días y los jueces aplicaron la figura de tenencia simple y los liberaron. “Eran épocas difíciles. En Rosario, la cuna del rock, habían encarcelado a alguien que tenía 0,16 gramos de porro, o sea, lo metieron preso por algo que ni siquiera se ve.”

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/ Buenos Aires



LOS PROCESAN POR ESTAR CON ALGUIEN QUE LLEVABA MARIHUANA
Mayo 16, 2008, 5:50 pm
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Acusados de tener droga sin tenerla

Dos jóvenes detenidos cuando caminaban junto a una mujer que llevaba encima 239 gramos de marihuana fueron procesados por “tenencia de estupefacientes”, pese a que al momento del arresto ninguno de los dos tenía drogas entre sus pertenencias. El fallo, dictado por la Sala VII de la Cámara del Crimen, confirmó una resolución de la jueza de Menores Adriana Leiras.
De acuerdo con el expediente, el 4 de agosto de 2004, a las 21.50, tres jóvenes –uno de ellos menor de edad– fueron “detenidos por personal policial con fines de identificación” y en esas circunstancias se le secuestró a la mujer del grupo “una bolsa blanca de polietileno que contenía 30 envoltorios, con picadura de marihuana”. La sustancia pesaba 239,1 gramos.

El fallo argumenta que la detención se produjo cuando los jóvenes, al ver a los policías, “comenzaron a apurar el paso e intentaron separarse”. La defensa de los dos varones, quienes no llevaban droga entre sus ropas y pertenencias, objetó el procesamiento porque, precisamente, no habrían cometido el delito de “tenencia” de estupefacientes.

Pero los jueces Juan Cicciaro, Abel Bonorino Peró y Rodolfo Pociello Argerich entendieron que “la circunstancia de haber sido detenidos los imputados cuando, al advertir la presencia policial, intentaran alejarse del lugar por caminos separados, no obstante haber estado conversando entre ellos momentos antes, permite homologar la decisión”.

“Con el provisorio grado de conocimiento exigido en la especie puede afirmarse la existencia del hecho y su responsabilidad penal”, sentenciaron. El fallo también determinó que la droga no podía ser considerada “para consumo personal”.

“Cuando no existen elementos probatorios que indiquen que el estupefaciente poseído está destinado a una actividad de consumo estrictamente individual que no involucra a terceras personas, no puede sostenerse que no exista posibilidad de afectación para la salud pública”, concluyeron los jueces, invirtiendo la carga de la prueba.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/ - Buenos Aires



A CORTE RATIFICO UN FALLO CUESTIONADO
Mayo 16, 2008, 5:47 pm
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Condena por drogas y sin testigos

La Corte Suprema de Justicia de la Nación ratificó la validez de un juicio oral donde un hombre fue condenado por tenencia de marihuana, a pesar de que durante la investigación del caso no se recibió declaración judicial a “ningún testigo” y en el debate oral “no se produjo ninguna prueba”, según estableció la Procuración General de la Nación.
Por una ajustada mayoría de cuatro votos a tres, el máximo tribunal rechazó el recurso presentado por la defensa de un hombre que fue condenado por el Tribunal Oral Federal Nº2 a un año y medio de prisión, por los delitos de “tenencia simple” de marihuana.

Los jueces Elena Highton de Nolasco, Enrique Petracchi, Juan Carlos Maqueda y Carmen Argibay rechazaron por “inadmisible” la apelación presentada por la defensora oficial del condenado, mientras que Ricardo Lorenzetti, Carlos Fayt y Raúl Zaffaroni se pronunciaron por anular el juicio. Así, el fallo de la Corte dejó firme la condena y avaló el procedimiento.

El hecho ocurrió el 12 de agosto de 2003 en un control policial en la avenida Eva Perón, entre las calles Lafuente y Castañón de la ciudad de Buenos Aires. Allí, una subinspectora de la Policía Federal detuvo la marcha de un taxi e identificó a su conductor y al pasajero que venía en el asiento de atrás –el finalmente condenado–, quien tenía antecedentes de robo. En presencia de dos testigos el hombre fue requisado y entre sus ropas la policía halló “tres envoltorios que contenían marihuana y billetes de diez pesos falsos”, señala el expediente.

El procurador general adjunto Luis González Warcalde criticó el fallo del tribunal oral porque consideró que “en la instrucción, el juez federal optó por no recibir a ningún testigo”. Además consideró que la actuación “no fue suficiente para cumplir con los estándares mínimos que ofrece un procedimiento judicial”. Pese a que los testimonios que se dieron ante la policía fueron incorporados por lectura, advirtió que “en este proceso penal no han sido respetadas las formas sustanciales de todo juicio (acusación, defensa, prueba y sentencia), adecuadas a las características propias del sistema oral”.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/ - Buenos Aires



LOS PROCESAN POR ESTAR CON ALGUIEN QUE LLEVABA MARIHUANA
Mayo 16, 2008, 5:45 pm
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Acusados de tener droga sin tenerla

Dos jóvenes detenidos cuando caminaban junto a una mujer que llevaba encima 239 gramos de marihuana fueron procesados por “tenencia de estupefacientes”, pese a que al momento del arresto ninguno de los dos tenía drogas entre sus pertenencias. El fallo, dictado por la Sala VII de la Cámara del Crimen, confirmó una resolución de la jueza de Menores Adriana Leiras.
De acuerdo con el expediente, el 4 de agosto de 2004, a las 21.50, tres jóvenes –uno de ellos menor de edad– fueron “detenidos por personal policial con fines de identificación” y en esas circunstancias se le secuestró a la mujer del grupo “una bolsa blanca de polietileno que contenía 30 envoltorios, con picadura de marihuana”. La sustancia pesaba 239,1 gramos.

El fallo argumenta que la detención se produjo cuando los jóvenes, al ver a los policías, “comenzaron a apurar el paso e intentaron separarse”. La defensa de los dos varones, quienes no llevaban droga entre sus ropas y pertenencias, objetó el procesamiento porque, precisamente, no habrían cometido el delito de “tenencia” de estupefacientes.

Pero los jueces Juan Cicciaro, Abel Bonorino Peró y Rodolfo Pociello Argerich entendieron que “la circunstancia de haber sido detenidos los imputados cuando, al advertir la presencia policial, intentaran alejarse del lugar por caminos separados, no obstante haber estado conversando entre ellos momentos antes, permite homologar la decisión”.

“Con el provisorio grado de conocimiento exigido en la especie puede afirmarse la existencia del hecho y su responsabilidad penal”, sentenciaron. El fallo también determinó que la droga no podía ser considerada “para consumo personal”.

“Cuando no existen elementos probatorios que indiquen que el estupefaciente poseído está destinado a una actividad de consumo estrictamente individual que no involucra a terceras personas, no puede sostenerse que no exista posibilidad de afectación para la salud pública”, concluyeron los jueces, invirtiendo la carga de la prueba.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/ - Buenos Aires



UN HOMBRE Y SU HIJO PRESOS POR CULTIVAR CANNABIS PARA CONSUMO PERSONAL
Mayo 16, 2008, 5:39 pm
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En el nombre del padre y del hijo

Una denuncia anónima en Salta dio cuenta de que en un jardín había plantas de cannabis. La policía descubrió que eran seis. El dueño de la casa aceptó que fumaba, lo mismo que su hijo. Igual fueron presos, acusados de narcotráfico.

Por Emilio Ruchansky

La historia la cuenta Agustín Rodríguez y parece una comedia de enredos, si no fuera porque su papá y su hermano están presos desde hace casi dos meses, acusados de producir y traficar marihuana “para fumar, comer y beber”. Por una denuncia anónima, la división Operaciones de Drogas Peligrosas de Salta capital allanó la casa de su papá en el barrio Tres Cerritos. Allí descubrieron el secreto familiar: seis ejemplares de cannabis sativa. Cómo devinieron en narcotraficantes es, reconoce Agustín, “una cuestión de malas interpretaciones y prejuicios de esta sociedad”.
Según el parte policial, la noche del martes 29 de enero en el jardín de la casa de Fernando Oscar Rodríguez se secuestraron tres plantas gigantes (una de ellas mide 2,50 metros), tres plantines, dos recipientes con flores que estaban secándose y un frasco en el que la marihuana “estaba siendo sometida a una etapa de maceramiento con licor o alcohol”, supuestamente, “para potenciar la droga y beberla”. Los oficiales también encontraron dos pipas artesanales, sedas y 3200 pesos. El menor de los hermanos Rodríguez, Fernando Emanuel, tenía 29 gramos de marihuana paraguaya prensada.

“Aparentemente era utilizada para consumo en un círculo exclusivo, ya que es gente de buen nivel económico”, dijo un investigador a la prensa local. Un día antes del operativo, personal de la división de Drogas Peligrosas había entrado a la casa de un vecino por un aparente robo y aprovechó para sacar fotos del jardín. Con esa prueba consiguieron la orden de allanamiento del juez federal Miguel Medina. Agustín no sabe quién pudo haberle dado la información a la policía, él siempre ocultaba las plantas, corriendo las macetas de un lugar a otro cuando había visita. “Solo que esta vez había un par que ya habían crecido en la tierra y era riesgoso trasplantarlas”, recuerda.

Su papá le había alquilado una pieza en el fondo de su casa a Xenia Alicia Ibarra y la joven de 26 traía visitas nuevas. “Tal vez algún conocido de ella hizo la denuncia”, insinúa Agustín, aunque descarta la hipótesis enseguida. Xenia era dueña de dos de las seis plantas y también se la llevaron detenida, aunque la soltaron una semana después porque no era la dueña de casa y lo suyo era solo tenencia para consumo.

En el nombre del hijo

“Nos dejó cultivar en su patio porque no quería que compráramos en la calle. Le tiene mucho miedo a la policía, sobre todo después de lo que pasó acá durante la dictadura”, dice Agustín sobre su padre. El Gallego, como suelen llamarlo todos en el barrio, tiene 60 años, es ingeniero y profesor de Física, pero arregla heladeras, televisores o lavarropas a los vecinos, “como esos ingenieros que no consiguen laburo y manejan un taxi”, agrega su hijo. Hace 20 años que El Gallego vive en la primera cuadra de la calle Los Guayacanes, es un viudo con una vida bohemia y habitué de la sobremesa con amigos. Le gusta el vino y la guitarreada.

Sus hijos viven en la casa de los abuelos maternos, donde la detención de padre e hijo ha reavivado los conflictos familiares. “Mis tíos lo odian y mis abuelos no lo tienen bien visto. Ellos piensan que fumar está mal porque lo dice la ley y no se discute el tema. Para ellos, mi papá ensucia la imagen de la familia”, relata Agustín. En su declaración ante el juez Medina, El Gallego admitió que sabía de la prohibición de fumar y aseguró desconocer que tener plantas era un delito.

“También reconoció que es un consumidor de toda la vida pero no un adicto y dijo que dos de las seis plantas eran suyas”, comentó Román Salim, abogado y amigo de la familia. El dinero encontrado, agregó, proviene de unos libros de botánica que El Gallego le vendió a la biblioteca 9 de Julio de Santiago del Estero. “Lo de la bebida de marihuana era un experimento. Agarramos un hojas y le pusimos vodka a ver si le daban sabor. Era un asco, la estaba por tirar y justo pasó esto”, se lamenta Agustín. La planta más grande es un macho y no produce ningún efecto narcótico o psicoactivo.

La estrategia de Salim es lograr un cambio de calificación para conseguir la liberación. Para eso, ya está preparando un escrito para la Cámara Federal de Apelaciones de Salta. “Por ahora, el juez denegó la excarcelación porque están acusados de tráfico, con penas que pueden llegar hasta los 45 años. Voy a pedir que se considere que lo del padre es tenencia para consumo y lo del hijo tenencia simple”, adelanta el abogado. También exigirá que se los derive a una cárcel, ya que están encerrados en el calabozo de una Alcaldía General de Salta.

En el nombre del padre

Fernando Emanuel tiene sólo 23 años, es diseñador gráfico y trabaja en una oficina del centro de Salta. El día del allanamiento pasó a dejar la moto que su papá le había prestado y a buscar una mochila para irse a Iruyá, un hermoso pueblo enclavado en la puna salteña. Tenía una piedra de marihuana de 29 gramos en la riñonera. Planeaba fumarla durante sus vacaciones. El Gallego se hizo cargo de esa piedra ante la ley, diciendo que él la había mandado a buscar. Terminó complicando más las cosas: para las autoridades ésa es la prueba de que la familia Rodríguez trasportaba y comerciaba estupefacientes.

“No es fácil estar preso con un viejo de 60 años, mucho menos aún con El Gallego, por ahí me vuelve loco, no lo culpo, se la está bancando bastante bien, pero su carácter no es para este lugar”, escribió en una carta titulada “Desde un pequeño infierno al que temporariamente llamo ‘casa’”. Fernando se negó a declarar porque no tenía abogado y ahora está desesperado por hacerlo. Quiere aclarar que la piedra era suya y no del padre. Su hermano se desvive leyendo una y otra vez la Ley de drogas. “Tenencia para consumo una cosa, ser narco es otra. No entiendo qué pasa acá”, insiste varias veces ante Página/12.

“La injusticia que hoy me agarra las pelotas podría haberle pasado a cualquiera –dice Fernando en su carta–. Acá la realidad que se vive, aparte del problema social que recae en ello, es que están volteando a todos los de abajo que tengan o no algo que ver, te incriminan igual. No saben la gente con la que me topé y los garrones que se comen por giladas, y la verdad es que siempre recaen los mismos, los de abajo, nosotros que no cagamos a nadie. Así que lo que te enseña esto es a hacer las cagadas en grande, total te castigan de la misma manera.”

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/ - Buenos Aires